martes, 5 de febrero de 2013

RÚBEN BONIFAZ NUÑO el Maestro

 
 

EL ESPEJO ENAMORADO o repensando a Rubén Bonifaz Nuño.

 

No he de morir todo. Me has dejado

decir de tu presencia, me aseguras,

por eso, el no morir. Y las futuras

horas verán tu espejo enamorado.

RBN

Para mi caso, la historia de la descolonización inició a los 25 años cuando me fui a España en “búsqueda de mis raíces”. Durante un cuarto de siglo en mi casa, en la escuela, la TV y todo el mundo me hizo creer que yo, “era occidental y que tenía a un abuelito español”.
 

Después de vivir dos años con los españoles me di cuenta que mis raíces más profundas no estaban allá. No era ni mejor ni peor que los españoles, tan solo profundamente diferente. La pregunta calló fulminante como un rayo, “entonces qué eres”. Algo en mí, me decía desde lo más profundo que mi raíz ancestral estaba en mi país. Lo que me hizo regresar en su búsqueda.
 

En ella he invertido tenazmente los últimos 36 años de mi vida y fue “la suerte” la que me envió a Oaxaca a trabajar en la Casa de la Cultura de Tuxtepec, ahí fue el comienzo. Posteriormente trabajando en la Casa de la Cultura de la Ciudad de Oaxaca, un día invité al Dr. Rubén Bonifaz Nuño a hacer una lectura poética (1982). El encuentro fue determinante y el Dr. Bonifaz se hizo un invitando permanente a Oaxaca y “una tea que no humea” para mí,  al inicio de la década de los años ochenta.
 

De mi experiencia en España regresé con la idea que “los mexicanos éramos indígenas en la forma de entender el mundo y la vida. Es decir, indígenas (todos) con rasgos occidentales y no occidentales con rasgos indígenas… que todo mundo trata de desaparecer. La amistad con el Dr. Bonifaz fue alimentando y afinando esta percepción, sumada al encuentro de trabajo, que luego se tronó de amistad e investigación con el Dr. Guillermo Bonfil Batalla en el año de 1985.
 

En 1987 escribí en el texto “Apuntes sobre administración cultural”, editado por la Casa de la Cultura Oaxaqueña, “Los pueblos de México tienen una herencia histórico-cultural de casi ocho mil años, de éstos, aproximadamente siete mil quinientos años se desarrollaron en el marco de las culturas indígenas, y por otra parte tenemos el desarrollo de una cultura mestiza en los últimos cuatrocientos sesenta y seis años. 
 

Así pues, las culturas indígenas han jugado un papel relevante para conformar la filosofía, la psicología y la cultura de los mexicanos actuales y sus culturas regionales. Por lo anterior nos atrevemos a proponer que: los mexicanos somos indígenas con rasgos occidentales y no occidentales con rasgos indígenas, como nos creemos actualmente.
 

Encontrar lo indígena en nuestras formas culturales contemporáneas, es una tarea inaplazable. Reflexionar sobre lo indígena en nuestra forma de ser, no sería entender por indígena la marginación o un aspecto folcloroide.  Sería por el contrario buscar en la sensibilidad, en la espiritualidad, en nuestras formas de relaciones personales y con la naturaleza, en nuestras tradiciones y costumbres, en la “cultura popular” y en el subconsciente colectivo de nuestros pueblos.”
 

Las lecturas y la amistad con la Maestra Laurtte Séjurné, así como la obra de Carlos Castaneda me habían sensibilizado para abrirme a “una realidad aparte”, pero tal vez lo más importante fue la enseñanza que me dieron los pueblos y culturas oaxaqueños. Podría decir, si temor a equivocarme que “nací espiritualmente” en Oaxaca hace 36 años y en gran medida la partera fue “la abuelita mazateca”.
 

Pero volviendo al Dr. Rubén Bonifaz Nuño, su sencillez, su humildad, pero sobre todo su finísimo sarcasmo de sí mismo y de la vida me cautivaron. En la primera vista a Oaxaca, en el aeropuerto para despedirlo le dije, “Maestro, vuelva pronto a Oaxaca para que lo tratemos como usted se merece”, -inmediatamente me contestó-, “Oiga usted, si regreso, pero me tratan como ahora, no como yo me merezco”.
 

Inmerso en la búsqueda de mi verdadero rostro y a partir de las intensas conversaciones sobre el tema, el Dr. Bonifaz me dedicó su libro “De otro modo lo mismo” con esta reflexión, “Para el licenciado Guillermo Marín Ruiz en homenaje a su noble búsqueda de la identidad mexicana; en reconocimiento a su generosa amistad.” Él fue quien me enseñó a ver el ángulo colonizador de la historia de la conquista y la “historia prehispánica”. A leer entre líneas los textos de “las vacas sagradas” de la historia, arqueología y la antropología.
 

Lo que no entiende los “cultitos” y los historiadores, arqueólogos, antropólogos y literatos integrados en el sistema colonial que fue justamente, el profundo conocimiento de “los clásicos grecolatinos” y su inmensa sensibilidad lo que le permitió penetrar al inconmensurable y maravilloso mundo de La Toltecáyotl, la sabiduría ancestral del Anáhuac. Esa es su proeza no entendida y si perseguida por el sistema académico y de investigación neocolonial criollo.
 

El aporte más importante del Dr. Rubén Bonifaz Nuño no fue su gran tarea de traductor de los clásicos, ni el tamaño inmenso de su poesía, ni sus inolvidables cátedras, sino la propuesta de ver nuestra historia y cultura de manera descolonizada. Tener el valor de evidenciar a los extranjeros y a los lacayos nativos que “estudian” nuestro pasado ancestral argumentado toda clase de mentiras y bajezas, denigrantes.
 

“De esta suerte, valiéndose de análogas complicidades, los eruditos estadounidenses han formado, respecto de la cultura olmeca, un sistema de mentidas conjeturas cuyo cuyas principales características son el desdén y la ignorancia.
 

Condenable es eso, pero no es, en mi opinión, lo peor; lo peor consiste en que los estudiosos mexicanos, voluntariamente sometidos a una perversa forma de colonización extranjera, se sujetan, por lo común, a las sistemáticas equivocaciones de los eruditos estadounidenses, y las repitan y las confirman como verdades, acaso con el deseo y la esperanza de que éstos los tengan por iguales suyos.
 

De estos casos, por obvio principio de dignidad, no quiero ofrecer ningún ejemplo.”  (Rubén Bonifaz Nuño. 1995)
 

Fue Bonifaz Nuño el que predicó en el desierto una nueva visión de nosotros mismos, de nuestro pasado. Luchando contra lo dicho desde Hernán Cortés hasta Mel Gipson con su película Apocalypto, que es la misma historia solo que en el cine y a todo color. Bonifaz platea reconocernos en toda nuestra verdadera dimensión y entender que somos los que hemos sido y seguiremos siendo, y que este legado es lo mejor que tenemos para construir el futuro. Eso es justamente lo que persigue y censura el colonizador y por lo cual fue silenciado y negado en vida el Maestro Bonifaz Nuño. Esa es la verdad que no dicen los medios.
 

“...el hombre es el principio de la creación del mundo y el encargado de su preservación y su desarrollo hacia lo perfecto. Sobre esta concepción se edifica  a sí mismo, y edifica el mundo a su alrededor. Así es como construye la cultura de que somos, hasta hoy, exclusivos herederos.”  (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)
 

La creación al final de su vida del “Seminario de Estudios para la Descolonización de México”, es el intento de difundir desde la UNAM una nueva forma de reconocernos y de entendernos, como herederos de una de las seis más antiguas sabidurías de la humanidad que no ha muerto y sigue presente y vigente en el “México profundo” y en el subconsciente de los mexicanos. Por esta posición ante la “intelectualidad criolla hispanista colonizada”, Bonifaz Nuño tuvo que enfrentar el rechazo de las instituciones, las vacas sagradas, los intelectuales y por supuesto, la sociedad dominante que es anacrónicamente hispanista e ignorante de sí misma.
 

“Victoriosas sobre las injurias y el desprecio de los extranjeros, se levantan aún las señales de aquel sistema espiritual de iluminación que construyeron nuestras antiguas ciudades.
 

Allí el urbanismo, la ingeniería, la arquitectura, la escultura, la metalurgia, la pintura, las artes todas, allí las ciencias, la matemática, la astronomía, la medición del tiempo, florecieron obedientes al mismo entusiasmo del hombre seguro de sí mismo, orgulloso de ser fuente y camino ascendente de la perfección de la vida. (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)
 


Cuando Bonifaz Nuño declara al periodista Carlos Martínez Rentería (La Jornada 5/02/13) “Nosotros somos indios con una cultura occidental impuesta. Yo, como indio que soy, tengo que adueñarme de esa cultura, no para asimilarme a ella, sino para dominarla y usarla de instrumento de poder. De ahí que yo haya estudiado latín y griego, a los clásicos españoles; que pueda leer poesía en cuatro idiomas modernos.”  Deja clara su posición frente a la colonización y entendemos por qué los “colonizados intelectuales mexicanos” no pueden ni siquiera vislumbrar la grandeza y sabiduría de la Toltecáyotl. No la entienden porque ni siquiera entienden la cultura occidental de fondo, han sido siempre una copia mal hecha y sin sentido “del otro”, su colonizador.
 


“Feliz, el hombre vivió y edificó durante cerca de 30 siglos el glorioso testimonio de su paso sobre la tierra. Fundamento ideal para la felicidad de los hombres actuales, la creación olmeca, es decir la maravilla de la cultura de Mesoamérica, permanece allí, multiplicada en obras que son ejemplo sin tregua. Y esa maravilla es herencia nuestra particular que nos honra y nos distingue entre todos.” (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)
 

 

Para los que afirman que con la conquista nos llegó “la civilización y la cultura”, el discurso de Bonifaz Nuño es veneno puro. Sus textos nos abren los ojos, nos dan luz y nos sacan de las mazmorras oscuras de la colonización mental y cultural. Encienden el fuego interno que ha estado apagado estos cinco siglos y nos dan fuerza y orientación en la batalla florida por la descolonización de México y los “mexicanos”.
 


“Y ahora júzguese el progreso del fenómeno cultural ocurrido en el territorio de Mesoamérica durante cerca de tres milenios; piénsese en la índole de la humana energía que poseyó la capacidad de edificar, entre otras muchas, las ciudades antes indicadas, ciudades en las cuales dieron flor y frutos las artes y las ciencias; donde la sabiduría sirvió de raíz y coronamiento a los gigantescos esfuerzos materiales requeridos por tal edificación.
 

 
Habrá que concluir que sólo una concepción moral plenamente optimista y feliz, habida por el hombre acerca de sí mismo y de su mundo, pudo engendrar el núcleo de esa energía incalculable. Una dichosa concepción humanista de veneración por la vida en la totalidad de sus manifestaciones”. (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)
 

En la entrevista que le hace Carlos Martínez en 1988 dice, “Mire, soy un hombre viejo, tengo 63 años. En este momento, en verso y en prosa, considero mi obligación decir lo que soy yo, como parte de un grupo de mexicanos, concretamente los pobres y los pelados, con la esperanza de proponer un camino de acción que parte de la educación, para que nos demos cuenta de quienes somos verdaderamente y podamos aspirar a realizarnos”.  Tengo el gusto y el privilegio de pertenecer a ese numeroso grupo de mexicanos que trabajamos en la educación, por la memoria histórica, la identidad cultural y la descolonización mental, guiados entre otros, por la sabiduría visionaria de Rubén Bonifaz. www.toltecayotl.org
 

Fiablemente recordaré al Dr. Rubén Bonifaz Nuño en nuestra última entrevista en sus oficinas de la Biblioteca Central de C.U. de la UNAM en 2010, cuando le fui a proponer abrir una corresponsalía en Oaxaca  del Seminario de Estudios para la Descolonización de México. Me dijo, “puede usted hacerlo Guillermo, pero debe pensar bien a lo que se va exponer, véame a mí, totalmente bloqueado y silenciado, la descolonización es un camino lleno de incomprensión y represión”. 
 

“Victoriosas sobre las injurias y el desprecio de los extranjeros, se levantan aún las señales de aquel sistema espiritual de iluminación que construyeron nuestras antiguas ciudades.
 

Allí el urbanismo, la ingeniería, la arquitectura, la escultura, la metalurgia, la pintura, las artes todas, allí las ciencias, la matemática, la astronomía, la medición del tiempo, florecieron obedientes al mismo entusiasmo del hombre seguro de sí mismo, orgulloso de ser fuente y camino ascendente de la perfección de la vida.
 
 
Feliz, el hombre vivió y edificó durante cerca de 30 siglos el glorioso testimonio de su paso sobre la tierra.
 

 
Fundamento ideal para la felicidad de los hombres actuales, la creación olmeca, es decir la maravilla de la cultura de Mesoamérica, permanece allí, multiplicada en obras que son ejemplo sin tregua.
 


Y esa maravilla es herencia nuestra particular que nos honra y nos distingue entre todos.” (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)
 
 
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Para conocer más sobre el trabajo del Dr. Rubén Bonifaz Nuño:
 

 

 





  

 

jueves, 10 de enero de 2013

EL MAESTRO Y SU COMPROMISO HISTÓRICO CON EL FUTURO





Cómo es que la humanidad ha llegado a niveles tan bajos e inhumanos que amenazan la vida en el planeta.


La historia de la humanidad se puede dividir en dos grandes periodos. Desde la invención de la agricultura (8 mil a.C.), hasta el inicio de la expansión europea (1492). La segunda, desde la invasión europea del mundo a nuestros días (1492 a 2013). 


El “viejo orden mundial” nació y se desarrolló en el concierto de las seis civilizaciones con origen autónomo. En efecto, Sumeria o Mesopotamia, Egipto, China, India, Tahuantinsuyo o la Zona Andina y el Cem Anáhuac, son las civilizaciones Madre de la humanidad.


Estas seis civilizaciones fundamentaron los objetivos de su desarrollo, -por diferentes caminos pero con el mismo fin-, en el desarrollo espiritual y la trascendencia de la vida material en el plano inmaterial y comunitario, al que llamaremos “El viejo orden mundial”.


El “nuevo orden mundial”, en cambio, se fundamenta en el desarrollo material a través del consumo, comercio y la guerra. La trascendencia de la existencia está en orden inmediato, material e individual. La sabiduría será sustituida por la ciencia, la religión por la tecnología, la comunidad por la individualidad, el bien común por la iniciativa privada, la cooperación por la competencia, la tradición por la moda, la libertad por el libertinaje, la trascendencia existencial por el nivel de consumo, el Estado por el Mercado.


Simbólicamente el inicio de la construcción del nuevo orden mundial comienza en 1492, pero se materializa claramente con la fundación de Estados Unidos en 1776, bajo una estrategia totalmente definida y financiada por los capitales que se habían fortalecido en Europa y que habían iniciado el sometimiento y explotación de la humanidad. El “nuevo orden mundial” se fundamenta en tres culturas básicamente: judía, anglosajona y teutona, pero la ideología oculta que la dirige es el sionismo.


Una acción concertada de grupos de poder económico que habían iniciado la destrucción del “viejo orden mundial” con la caída de las monarquías europeas y después seguirá con todas las formas ancestrales de gobierno del planeta hasta implantar el Estado moderno y su democracia representativa que privilegia los intereses de las empresas trasnacionales y las corporaciones financieras globales. Inicia con los ejércitos napoleónicos y se mantiene con la OTAN.


De esta manera, Estados Unidos es una creación estratégica y una acción secretamente concertada que luchará por implantar a sangre y fuego, no solo un nuevo orden económico y político, sino lo más grave, una nueva cultura, lo que implica nuevos valores y principios que serán “universales”. Los instrumentos serán básicamente, el capital, las armas, la tecnología y los medios de información. El objetivo es el “culto al becerro de oro”.


Los dueños del dinero, -de los capitales-, a quien llamaremos “los mercaderes” necesitaron crear un nuevo modelo de organización social que se opusiera a los tradicionales del “viejo orden”. Para ello inventaron el mito de “la democracia”, es decir, -el gobierno del pueblo y para el pueblo-, pero que en realidad es la forma en la que los “mercaderes” manejan a los pueblos utilizando a los políticos para que hagan prevalecer el interés privado sobre el interés público.


El falso paradigma de los “mercaderes” es que “su democracia” representa el logro más elevado de la humanidad. Que la “libertad” es el bien más preciado del ser humano, sin embargo, la democracia de los mercaderes se ha convertido en la peor dictadura y la que ha esclavizado totalmente al ser humano. Esta dictadura es ahora global, pose las armas más letales de la historia, las tecnologías más sofisticadas y los medios de información más poderosos para “desinformar y deformar” la opinión pública local y mundial, y un sistema financiero global a su servicio.


El Estado moderno, en sus entrañas conlleva la explotación desmedida del ser humano y la naturaleza, el interés privado sobre el bien público, el individualismo sobre el comunitarismo, el pragmatismo sobre el humanismo, la fuerza sobre la razón, la enajenación sobre la consciencia.
Para pertenecer al “nuevo orden mundial”, como persona, como familia o como pueblo se requiere perder los valores y principios ancestrales, perder la identidad cultural para obtener la identidad comercial, perder la religión ancestral y adoptar una secta cómoda y pragmática, perder la lengua propia y adoptar el inglés, dejar de ser tradicional para ser “moderno”. 


Entendiendo que lo “moderno” siempre viene de fuera y tiene supuestamente más valor. Y lo tradicional es lo propio que por decreto de “los mercaderes” y los medios no tiene ningún valor y es lo nacido y evolucionado en nuestra tierra y cultura, por nuestros padres, abuelos y antepasados.
En síntesis: perder la forma tradicional de sentir, pensar, comer, vestir, hablar, amar, trabajar, consumir, divertirse, para “ser moderno”, entiéndase: ser “triunfador, exitoso, estar a la moda”.    
El Estado moderno necesita, para ser sano, individuos enfermos. Requiere gente enajenada, ignorante, violenta, presuntuosa, insegura, individualista, conflictiva, monetizada, consumista, insatisfecha, agresiva, inestable, corrupta, fanática y superflua. Este es el perfil de la “gente moderna”.


Los “mercaderes” para crear a personas, familias y pueblos “modernos” usan dos eficaces estrategias para logar su objetivo. La más poderosa son los medios masivos de información, especialmente la televisión y la radio, que se han apoderado totalmente de la “realidad social” y de la psique del pasivo escucha o espectador. 


La segunda es el profesor en el aula escolar, que durante años somete inconscientemente a los niños a la deformación que el Estado moderno ha diseñado para coartar el sano desarrollo humano, la pérdida de la consciencia y los valores ancestrales para producir ciudadanos parásitos, gente enferma y acrítica.


El sistema educativo nacional es la propuesta del Estado moderno para producir una sociedad enferma, fácilmente manipulable, dócil y totalmente acrítica para su absoluta explotación. Y el profesor inconsciente es el perfecto instrumento para preparar cuadros de “trabajadores/consumidores” inconscientes, enajenados y anodinos.


El profesor que llega a todos los rincones del país. A las poblaciones más apartadas y más incomunicadas, es “el caballo de Troya” que lleva “la modernidad” a la indefensa comunidad, y que en “su ser y hacer” colonizado, cotidianamente destruye la cultura, los valores, saberes y principios ancestrales. Impone lo ajeno y denigra lo propio.


El profesor en el aula y en la comunidad es el instrumento eficaz del Estado moderno para enajenar y someter. Pero como la dualidad es total y universal, el profesor en el aula y la comunidad pueden ser el factor del verdadero cambio que necesita la humanidad. El único elemento real de cambio de la sociedad es la Educación, entendida como el proceso integral de la trasmisión y fortalecimiento de valores y principios que humanizan al mundo y a la vida, y que, a través de la consciencia le permite trascender.


El profesor tiene la decisión en sus manos, o ser parte del Estado moderno o el factor de cambio que humanice el futuro del planeta.  


viernes, 4 de enero de 2013

EL REGRESO DEL QUETZALCÓATL AL ANÁHUAC




Cada pueblo milenario tiene sus mitos y sus profecías. Para el Cem Anáhuac podrían ser las más importantes: La creación y destrucción de los cinco Soles. El principio del par de opuestos comentarios y su inmutable equilibrio. El espíritu del “Quetzal-cóatl” entendido como el desafío equilibrador del Espíritu (Quetzal) y su contraparte la materia (cóatl), y su profetizado regreso al Anáhuac.
 
Los anahuacas, mal llamados “mexicanos”, somos los hijos de una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del mundo y la que logró el más alto grado de desarrollo humano para todo su pueblo en la historia de la humanidad.

En un universo totalmente integrado, como civilización hemos vivido una oscura noche de cinco siglos en la que “los Señores del Dinero”, los mercaderes, no solo se apoderaron del Cem Anáhuac, sino casi de todo el mundo. Para el caso de nuestra civilización no solo nos vinieron a invadir, robar, asesinar, sino lo más grave, nos han tratado de desaparecer como civilización y como seres humanos.

Nos destruyeron nuestras instituciones, nuestras leyes y nuestras autoridades. Nos han tratado de quitar la condición de seres humanos y han querido borrar los impresionantes logros civilizatorios, especialmente en el terreno espiritual y de calidad de vida, únicos en la historia de la humanidad.

Lo han tratado de hacer al tergiversar la historia y al intentar quitarnos nuestras lenguas para dejarnos mudos y silentes. Nuestra memoria histórica, nuestros recuerdos, para dejarnos amnésicos, como “extranjeros incultos en nuestra propia tierra”, sumidos en la peor ignorancia, la de sí mismos, pensando que nuestra presente y nuestra realidad nada tienen que ver con nuestro milenario pasado, y menos con nuestro futuro.

Nos han tratado de quitar también nuestros milenarios conocimientos, para dejarnos ignorantes y estúpidos, incapaces de crear y recrear el mundo en el que vivimos, esperando siempre que el extranjero colonizador resuelva nuestros problemas.

Han tratado de apropiarse de nuestros espacios, no solo los físicos, sino los sociales, simbólicos, comunitarios, sagrados. Para dejarnos sin pertenencia, sin arraigo ni sustento, flotando en la nada, ajenos a nuestra propia tierra e inmediata realidad.

Y finalmente nos han tratado de quitar nuestra espiritualidad, que representa el mayor legado y tesoro de nuestra milenaria civilización. Nos han impuesto, -a sangre y fuego-, una religión ajena al propio invasor-colonizador para tratar de volveremos idólatras y fanáticos, insensibles e inconscientes. Fácilmente manipulables y mansamente sometidos.

Y en los últimos doscientos años, producto de la neocolonización, los criollos nos han excluido en la construcción y diseño de “su país”, en el que nuestro fenotipo, nuestras culturas, nuestras aspiraciones son excluidas radicalmente e impuestas violentamente las de Europa y Estados Unidos, como una copia tardía, mal hecha y desubicada de la realidad de la mayoría del pueblo.

Los descendientes  invadidos-vencidos solo nos han usado como soldados de leva para sus permanentes guerras y confrontaciones fratricidas, como mano de obra esclava, como enajenados consumidores y como votantes que legalizan sus permanentes farsas electorales de su democracia de opereta  bananera.

En efecto, en estos últimos cinco siglos de invasión-ocupación los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos, los descendientes de los habitantes originarios de estas milenarias tierras hemos sido condenados a la pobreza material y a la miseria espiritual, seamos anahuacas o mestizos, rurales o urbanos.

Durante los primeros tres siglos (1521-1821) inconmensurable cantidad de riqueza salió de las entrañas sangrantes de nuestra Madre Querida a través del trabajo esclavo. Cientos de miles de toneladas de oro, plata y grana cochinilla impulsaron el inicio del capitalismo europeo. El “México de los criollos” en estos 192 años nos ha usado pero no nos ha permitido tomar decisiones en el diseño de “su país”.

En los dos últimos siglos (1821-2013), cantidades inimaginables de recursos naturales y materias primas han ido a parar a las fábricas de los países europeos y Estados Unidos, y por la misma vía nos han llegado millones de toneladas de productos cahtarra. En estos dos siglos mortalmente se ha depredado y contaminado materialmente nuestra amada Tierra y espiritualmente nuestra gente.

Para inicios del Siglo XXI, según la CEPAL, por cada diez millones de “mexicanos” existe un supermillonario que, por supuesto es un extranjero avecindado recientemente en el Anáhuac. Es decir, en el neocolonialismo existen 11 “encomenderos”, cada uno con diez millones de “naturales esclavos de su ignorancia” y otros diez millones “expulsados” en Estados Unidos.

Sin embargo, los principios y valores fundamentales de la civilización del Anáhuac, conocidos como Toltecáyotl siguen vivos y vigentes solo que en el inconsciente de los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos toltecas. En efecto, la sabiduría ancestral sigue viva, el problema es que está en el subconsciente y solo en situaciones extremas aflora al consciente como en los terremotos de la Ciudad de México en 1985, donde la solidaridad, organización y hermandad pudieron hacer el milagro de rescatar a las víctimas.

El neocolonialismo criollo y la globalización económica nos obligan violenta o subliminalmente a dejar “lo propio” para asumir “lo ajeno” como una forma de vida. Dejar de ser quienes hemos orgullosamente sido durante miles de años y pasar a ser ciudadanos marginados, subempleados, sumisos consumidores y votantes inconscientes, para construir dependencia y destruir resistencia.

Pero la realidad nos dice que el mundo de los abusivos colonizadores se está desmoronado, se cae a pedazos. El Estado moderno se derrumba por sus propios excesos. El capitalismo financiero es la serpiente que se está devorando así misma. El modelo económico mundial es un rotundo fracaso material y espiritualmente. Ya no existe futuro por ese camino que termina en un precipicio.

Sin embargo, lo único que todavía sigue en pie, firme como el tronco de un árbol y sólido como la piedra es la milenaria sabiduría humana, para el Anáhuac la Toltecáyotl. Los valores, principios y saberes, experiencia humana de vida de más de ocho mil años está latente en el corazón del mestizo y sigue viva en el anahuaca.

No podemos seguir inconscientes otros quinientos años, de rodillas y dándole la espalda a nuestra mayor herencia cultural. El legado de los Viejos Abuelos toltecas que le dieron a la humanidad más de mil años del más elevado desarrollo humano del planeta. Ninguna civilización le dio a todo su pueblo la calidad alimenticia, niveles de salud, educación obligatoria y logró la capacidad de organización como los pueblos y culturas del Cem Anáhuac de 200 a.C. al 850 d.C.

Requerimos urgentemente despertar y activar el Banco Genético de Información Cultural que está depositado en cada uno de los ahora mal llamados “mexicanos”. Se requiere desarrollar una actitud crítica y analítica para investigar, re-conocer, re-novar, re-valorar nuestra milenaria cultura Madre, para renacer de nuestras más profundas entrañas culturales.

Para refundar una nueva patria con la raíz ancestral de la MATRIA. Debe resurgir el Anáhuac en donde se acabe la colonización, los "vencedores y los vencidos", donde no se excluya lo mejor de nosotros mismos y de las apropiaciones culturales que hemos hecho de todo el mundo. Una patria sin abusos y abusadores, sustentada en la justicia.

Asumiéndonos con una cultura mestiza, -como todas las del mundo-, pero teniendo muy clara nuestra matriz-filosófica-cultural que es la Toltecáyotl a partir de despertar nuestra memoria histórica y activar nuestro Banco Genético de Información Cultural.

El desafío en principio es individual y despertada la consciencia, el trabajo comunitario corre su propio cause. Requerimos “despertar para soñar” y luego imaginar el mundo que necesitamos re-construir. Un mundo que en sus bases se asienten los milenarios valores y principios del La Toltecáyotl. Lo difícil no es hacerlo, sino imaginarlo.

El camino es de adentro hacia afuera y de abajo hacia arriba. El camino está en lo profundo de nuestro corazón florecido. Se despierta en un instante y se sueña una eternidad. Se requiere hacer urgentemente “arqueología del espíritu” en el fondo de nuestro corazón.

El profetizado “Regreso de Quetzalcóatl” no es más que eso. El equilibrio del “quetzal con el cóatl”, del espíritu con la materia. El Quetzalcóatl no bien de afuera, llega desde lo más profundo y verdadero de nosotros mismos. El Quetzalcóatl es encarnar en nuestra vida cotidiana los más antiguos y valiosos conocimientos de la trascendencia de la existencia. Implica el desarrollo de nuestro potencial espiritual como personas, familia y pueblo.

El Quetzalcóatl cobra un sentido doble. Es “emergente”, porque sale de lo más profundo y valioso de nosotros mismos, y su “emergencia” deviene de que no tenemos más tiempo para seguir siendo esclavos de nuestra propia ignorancia. El futuro de nuestra Matria es su milenario pasado.